La tradición salinera de la isla de Menorca se remonta al siglo XIV. En 1303, Dalmau Sagarriga, lugarteniente real del Reino de Mallorca, declaró que la recolección de sal para uso personal sería gratuita en la isla de Menorca.

Las antiguas sociedades de la isla de Menorca recolectaban la sal depositada en contenedores naturales excavados en las rocas de la costa, los cocós. El agua del mar los llenaba con la acción de las olas. Luego, en la temporada seca, el agua se evaporaba y la sal quedaba.

En el Tratado de Utrecht de 1713, los ingleses propusieron establecer una base naval en la isla, lo que les daría control estratégico sobre el Mediterráneo occidental.Entonces surgieron concesiones para proyectos de producción de sal. Todos los experimentos se concentraron en las áreas costeras del norte de la isla.

Existían cuatro salinas, todas en el norte de la isla: La Concepción, antes llamada Salines Noves, en Fornells. Las salinas de Tirant Vell, desde entonces llamadas Ses Salines Velles, también en Fornells. Las Salinas de Addaia. Las Salinas de Mongofra, ubicadas en el fondo del puerto de Addaia.

La producción industrial de sal continuó en el siglo XX. La competencia con la sal importada de las grandes áreas de producción españolas y extranjeras forzó el declive de la industria salinera menorquina.

De las cuatro salinas que existían en ese momento, La Concepción es la única que todavía está en funcionamiento.